Relato de Ambre L., Pauline M., Zaynab B. y Lola T.

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Course: Récits d'espagnol
Book: Relato de Ambre L., Pauline M., Zaynab B. y Lola T.
Printed by: Guest user
Date: Saturday, 8 May 2021, 6:28 AM

Description


Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje.

El Pozo, de Luis Mateo Díez

Table of contents

I

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje.

Tantos años antes de esto, cuando mi hermano aún estaba vivo y que toda la familia seguía viviendo en casa, todo era muy diferente. De mi infancia, tengo muchos recuerdos felices: las persecuciones bajo la lluvia en las noches de otoño con mis hermanos y hermanas, los momentos agradables durante los cumpleaños, las batallas de almohadas que despertaban a toda la casa y las tardes que pasé en la cocina preparando la comida con mi madre. Pero, después de la muerte de Alberto y más tarde la de mi madre todo ha cambiado. La familia se dividió y cada uno ha seguido su propio camino. Hay que decir que la que siempre nos había reunido fue mi madre. Fue el pilar de la familia con su benevolencia, su amor y su dulzura. Recuerdo la ternura con la que daba prueba para consolar nuestras penas. Para los que amaba, los sacrificios no importaban, seguramente para compensar la ausencia de mi padre. No una ausencia física sino una ausencia de preocupación por nosotros ya que estaba muy cansado de trabajar en la granja. No es que no nos amara, pero le costaba demostrarlo.

En mi pueblo, pocos eran los que no trabajaban la tierra para ganarse la vida y mi padre no fue una excepción. Entonces, pasó todos los días cuidando animales en la granja o cultivando la tierra. A pesar de todos estos esfuerzos, no éramos los más ricos y nos contentábamos con poco. A veces las deudas se acumulaban; esas tardes mi padre llegaba a casa y se enfadaba por nada, gritos y lágrimas estallaban en la casa. Sin embargo, aunque no hablaba mucho y a menudo estaba tenso, nos mostró su atención de una manera muy diferente a la de mi madre. Por ejemplo, un día en que mis hermanos y yo le ayudábamos en la granja, mi padre disfrutó mucho enseñándonos todo tipo de habilidades y contando algunas anécdotas que nos hicieron reír mucho. Así y todo, mi padre seguía siendo una persona muy dura y severa y por eso tras la muerte de mi madre, mis hermanos y yo salimos de casa uno tras otro.

Pero ese día lo que nos unió a todos en esta casa es la muerte de mi padre. De hecho, al enterarnos de la noticia, mis hermanos, mi hermana y yo decidimos reunirnos en casa el día del funeral. Nunca pensé que el reencuentro sería tan emotivo, pero ver a todos mis hermanos y hermanas juntos me conmovió mucho. Hay que decir que ha pasado mucho tiempo. Después de estos emotivos encuentros fuimos al funeral y fue entonces cuando Eloy encontró el mensaje.

II

Tras el extraño descubrimiento del mensaje, Eloy reunió a los hermanos para discutirlo. Estábamos todos sentados en la sala de estar y Eloy nos contó lo que le acaba de pasar y nos leyó el mensaje, Paola empezó a soplar como siempre y dijo:

«- Acabo de superar su muerte y la de mi madre, ¿y ahora quiere volver a ponerse en contacto con nosotros?

- ¿Ponerse en contacto con nosotros? pregunté.

- Sí, ¿no lo ves? Es seguro que este mensaje viene de él, es el único que escribe este tipo de cosas.

- Paola no se equivoca en esto, intervino Eloy, todos sabemos que estaba en su burbuja llena de libros e imaginación.

- Es cierto que, para tener imaginación, tenía este pequeño, podía pasar sus días solo hablando y jugando con sus amigos imaginarios, eso siempre me impresionó. Pero, vamos, hay que ser realista: murió hace 20 años, ¿cómo quieres que sea esta palabra de él, no vivimos en una película, exclamó Paola. 

- Mientras tanto, si esto le permite seguir con nosotros y podemos seguir hablando de él, no me importa, lo extraño... dijo Eloy tristemente.

- Por supuesto, todo el mundo le echa de menos. Todavía era nuestro hermano. Sin embargo, esta historia es muy extraña. Y tú, Luis, eras el más cercano a él, ¿no tienes algo que decir?

-Vuestra discusión no nos lleva a ninguna parte. Estaba pensando en lo que estaba escrito en la palabra, ¿por qué escribiste esta frase y no otra?»

La discusión se prolongó un poco más, pero no condujo a nada. Una vez que estaba solo en mi habitación, no podía dejar de pensar en el significado de este mensaje. Pero no sé, había algo que no sonaba como Alberto, pero no pude averiguar qué era. Tal vez no lo conocía tan bien después de todo. Para mí, el mensaje se refería al mundo de la muerte porque para él este mundo no era tan aterrador, como hermano gemelo es muy difícil decir que su hermano no tenía miedo de morir. Pero la pregunta seguía siendo cómo ese pedazo de papel pudo haber terminado en ese pozo.

 

20 AÑOS ANTES

Hoy es el quinto cumpleaños, y el último, de mi hermano, desgraciadamente el haber nacido en una familia tan grande y con tan pocos medios hizo de los cumpleaños un día como cualquier otro. La única diferencia con los otros días era que hoy mi padre iba a hablarnos sin discutir ni pegarnos. Y con mucha suerte, si su día no hubiera sido tan duro, podríamos tener un abrazo. Me había acostumbrado a esta forma de vida, me gustaba estar rodeado de muchos hermanos y hermanas, pero creo que para mi gemelo era más complicado, estaba tan retraído en su mundo y siempre con la cabeza en los libros que vivía esta vida de forma diferente, pero algún día después había dejado este mundo ... Desde entonces, me culpo todos los días por no haber visto nada, me siento culpable.

III

En nuestro pueblo supersticioso volver del mundo de los muertos era tema de muchas leyendas.

Las leyendas y las historias fantásticas me recuerdan los felices momentos con mi hermano gemelo, el pozo en el que él cayó era nuestro lugar favorito : nos fuimos allí, nos sentamos al lado del pozo y con las leyendas que nos contaban los habitantes del pueblo imaginamos historias increíbles.

Una de esas historias que Alberto inventó un día era la de un niño muy débil, sin amigos y que amaba mucho los libros. Pero este niño tenía un libro mágico que le contó que, en realidad, el pozo al lado de su casa era un pasaje secreto hacia un mundo fantástico donde todo era mejor, y en el que él podía tener a muchos amigos y vivir feliz para toda la eternidad.

Esta historia era su favorita, quizás porque él se identificaba mucho con ese niño.

Pero ahora que estoy aquí, al lado de este pozo quiero creer de todo mi corazón que estas leyendas tan famosas del pueblo eran verdaderas, que la historia que Alberto me contó era verdadera y que él está viviendo en un mundo mejor y que puede hablar con nosotros para decirle cuanto lo extraño. 

Con el corazón lleno de penas, volví a casa para quedarme un poco con mis hermanos. Hacía mucho tiempo que no me sentía así, ver a mis hermanos me ayudó tanto después tantos años y pienso que por fin estoy haciendo mi duelo.

Pero sé que cuando vuelva a mi casa, y esté solo otra vez, sin ser capaz de mirarme en el espejo nada se va a mejorar. Quiero quedarme con ellos.

Antes de abrir la puerta de la sala oí a Paola llorando:

«-¡Alberto está vivo estoy segura!

-¿ Cómo puedes estar segura Paola? ¡Tienes que olvidar estas leyendas! Ya no somos niños, la vida no funciona así.

-¡Pero he encontrado de nuevo otra botella en el pozo con un mensaje!

-¿Y qué decía ?

-Toma, léelo.

-….

- Que no puede ser, no te creo, eso tiene que ser una broma tuya. Voy a tomar aire.» Dijo Eloy.

Cuando oí a la conversación entre mis hermanos, no tuve la fuerza de mirarlos en los ojos porque lo único que necesitaba en ese momento era despejarme la mente.

 Salí a pasear por el campo para tomar el aire con las lágrimas en los ojos y solo con una frase que se repetía en mi cabeza.

"Los extrañé” decía ese otro mensaje.

IV

La atmósfera era pensante en la casa cuando volví de mi paseo por los campos. Había pasado por el pozo, sumergiendo mi mirada en el agua que reflejaba el cielo estrellado al final de un túnel de roca. Los demás a menudo miran al cielo para designar a los seres queridos que pierden. Pero están enterrados. Este pozo unía en mi mente estas dos facetas de la pérdida de un ser querido. ¿Y si Alberto estuviera realmente allí, en algún lugar entre este pozo y el infinitamente gran espacio?¿Contemplando, rodeado de mamá y papá, en lo que nos habíamos convertido los tres ?

Es en ese pozo donde encontré la respuesta a mis preguntas.

Al sentarme en una silla, cuando Eloy también había regresado y Paola estaba leyendo un libro, dije:

«- He encontrado una respuesta en el pozo.»

Paola se enderezó hacia mí, con lágrimas en los ojos, y febrilmente preguntó:

«¿Qué dice?»

Al ver sus ojos resplandecer de tristeza y esperanza a la luz de las velas, mi corazón se retorcía en mi pecho. Ver a mi hermano y a mi hermana reunidos por primera vez en tanto tiempo alrededor de ese trágico acontecimiento que era la muerte de padre me había hecho mucho bien.

«- Verlos a ti y a Eloy... era tan importante para mí. No quiero perder a ninguno de ustedes. Pero puede que no sea así.

- No nos perderás, exclamó Eloy. Estamos aquí, nos hemos encontrado y aunque nuestra familia ya no sea la que debería ser, vive en nosotros, en nuestra memoria. Y los mensajes de Alberto...

- ¡No lo entiendes! Lo interrumpí. ¡Alberto nunca envió esos mensajes! Era yo desde el principio.»

El silencio se hizo mientras las lágrimas caían de mis ojos hasta mis puños apretados.

«- Lo siento. No te lo dije antes porque... significas mucho para mí, Paola, y tú también Eloy. La primera noche que llegamos aquí, necesitaba hablar con él, decirle lo que sentía a través de este mensaje... Escribir libera y quería tranquilizarlo sobre este mundo que me parecía muy soso sin él. Pero encontraste el mensaje. Y nuestra familia se reformó por un instante. Así que quise preservarla y envié el segundo mensaje. Siento mucho haberte hecho sufrir, tú y Eloy... no quería que terminara así.»

Mi hermana se acercó y se me abrazó el cuello. Me acarició suavemente el cabello como lo hacía entonces y yo cerraba los ojos mientras respiraba su olor reconfortante.

«- Sabes, creo que no nos equivocamos al interpretar los mensajes como los de Alberto, dijo mi hermana. Eres su hermano gemelo. Estáis atados más de lo que crees. Y aunque él no nos escribió de su mano, él vive en tus recuerdos, en nuestros recuerdos. Esos momentos que compartisteis juntos hicieron resurgir esos momentos en los que él estaba allí, donde papá y mamá estaban allí. Así que te lo agradezco, hermano.

- ¿Un momento en que toda la familia estaba reunida dijiste? dijo Eloy. Creo que tienes razón. Y creo que lo necesitábamos. No había mejor manera de rendir homenaje a nuestro padre, sino también a nuestra madre y a Alberto. Gracias Luis.»

Y mientras nos abrazaba, sentí que nuestra familia viviría.