
El pozo
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa. Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse. En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior. «Este es un mundo como otro cualquiera», decía el mensaje.
Luis Mateo DÍez
Estoy tan feliz de ver a mis hermanos de nuevo. Me pone triste ver que están casi asustados de mí, pero espero que en pocas horas y con mis explicaciones, vayan a entender la situación y ayudarme para resolverla.
Les muestro la casa de nuestros padres en el pueblo.
- Aquí viven papá y mamá, pero desde hace dos años, no salen mucho. De verdad, desde el accidente, están tan tristes...
- No lo puedo creer, pero… Javier y yo, estamos muertos, en tu mundo, ¿de verdad? pregunta Eloy
- Volveremos a hablar de esto en lugar seguro, en mi casa.
- ¿Tenía una novia en este mundo?, me pregunta Eloy.
- No, lo siento hermano. Tampoco aquí. Pero, Javier tiene una familia. Se había mudado después del accidente. Quizás, una manera de olvidarlo, pero el Javier de mi mundo tenía dos preciosas hijas.
- ¿Yo? ¡Nunca quisiera tener hijos! responde Javier.
- Entonces, vamos a hablar de mi plan para que todos salgamos vivos y veamos si en el mundo final tendrás hijos.
Tengo la impresión de que mis hermanos confían en mí. Lo único que quiero es que, gracias a estos dos años casi sin dormir para estudiar mi plan, salgamos los tres vivos y felices.